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SANTA MARINA: ALGO MÁS QUE UNA MARCA


Por Raúl Gunche
Reportaje publicado en el surfer rule n.125


Algunos coleccionan coches, otros sellos, otros monedas y también los hay que conservan tablas de surf antiguas. Yo siempre tuve el sueño de que una Santa Marina formara parte de ella. ¿Por qué?  Porque la historia del surf de España es corta, pero una parte muy importante de ésta, comenzó en  “Casa Lola”, Loredo, Cantabria. Aquí, al principio de la década de los 70´, un grupo  irrepetible de amigos con los mismos ideales  se juntaron para crear una obra maestra, las Santa Marina y consiguieron que la factoría “Casa Lola” y dichas tablas  se convirtieran en un referente a nivel nacional. Cuatro décadas después, estos amigos siguen más activos que nunca viviendo este apasionante deporte que es el surfing.
En esta vida, los sabios dicen que lo bueno se hace esperar  y una vez más , saben de lo que hablan, pues han tenido que pasar cinco largos años, para que yo haya podido completar esta historia. Quien me iba a decir a mí que una Santa Marina navegaría desde “Casa Lola”, pasando por la Isla de Los Jorganes hasta Laredo y que allí , subiría río arriba por la desembocadura del Asón hasta un pueblo del interior cántabro llamado Ampuero…
Fue en septiembre del 2004 cuando de fiestas por dicho pueblo, un grupo de jóvenes me invitaron a su “Choco”, “Bajo” o “Bodega” a tomar unos calimochos. Yo no soy bebedor pero, por circunstancias de la vida, estaba claro que esa invitación tenía que ocurrir para que yo encontrara un pequeño sueño. Según entraba a la casa de esta gente, a mano derecha debajo de un  banco, ví un trozo de foam, viejo y destrozado, pero que me dejó paralizado… Estaba dado la vuelta y solo podía ver una quilla fija, pero ésta estaba taladrada. Me puse muy nervioso, pues mi cerebro no hacía más que procesar información y bombardear estímulos, adrenalina, sensaciones increíbles, nervios… sabía que una quilla fija y taladrada ya significaba longevidad. En ese instante, la fiesta se acabó para mí, ni calimocho, ni cervezas, ni nada de nada, solo una obsesión: aquel trozo de foam, viejo, curtido y descolorido por décadas de sol y con salitre de “siglos” en su interior.
Me quedé rezagado mientras los nuevos colegas ya estaban en el “choco”. Cuando volvieron a buscarme yo ya había cogido ese foam y le estaba dando la vuelta. Nunca se me olvidará cómo aquellas letras se quedaron grabadas en mi retina, solo leía Santa Marina, Santa  Marina, Santa Marina,  Santa Marina y después de unos 10 destellos de este nombre, entendí todo. Lo bueno se hace esperar…mis colegas, sin ellos saberlo me molestaban diciendo que dejara ese cacharro y que fuera a privar, yo no sabía cómo decirles que lo sentía, que ya no quería fiesta, solo quería irme a casa con mi sueño. No hubo manera,  insistieron en que esa vieja tabla  no era de ellos y que me olvidara, que era tiempo de fiesta y de disfrutar. Me resigné  y acepté una cocacola pero sin vino, yo sólo quería irme con esa tabla. Mis nervios me traicionaban y sólo había un monotema, insistí  demasiado en que la quería. Ellos no comprendían mi pasión y por si fuera poco, la verdadera dueña de tan ansiada reliquia era la novia de un colega de ellos, residente en Madrid. Resulta que utilizaban esta obra de arte para disfrutar del mar los veranos en Laredo. Al día siguiente  trabajaba de madrugada, por lo que me despedí de ellos pronto y me quede con sus móviles.
Mi signo del zodiaco es Tauro y como burro y terco que solemos ser, no pasó un  mes y ya me había hecho con mi joya. Me costó más caro de lo que debía, pero es lo que tiene ser tan efusivo…
Después de ese verano de 2004, envié la reliquia a Asturias, donde un profesional restaurador como es Sergio González de Sublime, la recuperó. Este genio tiene tanto trabajo, que pasaron tres años hasta que el sueño volviera a mis manos y después de este  interminable tiempo, mi película acababa con la firma de sus cuatro progenitores: CARLOS BERAZA, JOSE MANUEL MERODIO, RAUL DOURDIL e IÑIGO LETAMENDIA. Esto también se hizo esperar lo suyo, pues a los dos primeros los tengo cerca, en  mi tierra, pero a Iñigo personalmente no le conocía y fue en el Cosmic Children del 2008 donde tuve mi oportunidad, y para acabar Raúl Dourdil. Ese sí que fue difícil, Raúl vive en Tenerife y me planteé llevar la Santa Marina hasta allí para que personalmente me la firmara. Contacté con él y me comentó que algún día vendría por Bilbao… Un año entero estuve dándole la paliza cada  mes, mes  y medio para que no se le olvidara  llamarme cuando viniera por aquí hasta que por fin un día desde Bilbao su voz sonó: aquí estoy  tocayo. Y como suele ocurrir, justamente ese día me encontraba a punto de salir de viaje y sin casi nada preparado aún, pero era mi oportunidad, así que lo dejé todo y allí me presenté para que Dourdil firmara el  sueño.
Una vez cumplido, quiero dar las gracias a los cuatro artífices de esta joya, porque sin haber estado allí en el 73´, de ellos me llevo parte de su vida, de su historia, de su esencia, ¡gracias eternamente! Soy muy feliz por haberles conocido, por saber que la vida les ha ido bien, por saber que la vida les sigue yendo bien, por saber que su historia seguirá viva para siempre, y como escribe uno de sus escultores:  
TODO , LO QUE DURA , PASA POR LAS MANOS DEL CARIÑO.
“ QUE DURE LA ETERNIDAD “


 

 
 



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