
Cuando supe que se interesaban por alguna de mis experiencias vividas en el mar, tuve muchas dudas debido a la infinidad de recuerdos. El tipo de historia que elegí no iba de Quemaos imposibles, izquierdas de La Santa bestiales o viajes a lo más profundo del sureste asiático. ¿Porqué la elegí?, seguramente porque fue la que más al límite puso mis pulsaciones.
Localización: Malpaís de la Corona, noreste de Lanzarote
Condiciones del pico: maretón norte con viento northwest
Todo comenzó un día que iba hacia la derecha del Cartel, ¡sabía que iba a estar bueno! Miraba desde lejos y veía sólo una persona en el agua. Una vez allí me percaté de que era Juliana (Julián Cuello). Mientras me ponía el traje no paraban de entrar barras enormes, observé que Julián no remaba ninguna, ¡qué raro! Una vez en el agua remé hasta Julián para intercambiar impresiones, pero no hizo falta, nos miramos y entendí lo que pasaba…Nos encontrábamos, un día más, en la derecha del Cartel, ese pico que como máximo puede rolar de medio metro, alguna de tres cuartos, donde tubear podía llegar a ser aburrido y muy fácil dada la calidad de la ola. Pero ese día todo era distinto, entraban olas de hasta dos metros que hacían que nuestro pequeño pico se quedara obsoleto, en otras palabras “estaba pasao”. Por suerte la frecuencia de las series enormes podía llegar hasta 25 minutos en entrar y en ese transcurso de tiempo intentábamos coger las de hasta un metro, que dadas las condiciones del pico ya eran muy grandes. Entre ola y ola nuestro miedo era que nos pillara en mal sitio una de esas series de hasta dos metros, no por las olas, si no por lo que nos esperaba a nuestras espaldas, poco fondo, reducidas posibilidades de escapada debido al volcán vivo que rodea toda esa costa, siendo más duro y más cortante que el mismísimo coral. ¿Ahora entendéis lo de mis pulsaciones? Después se unió Charli Gómez con un 6´8 quien no tardó en expresar los tubos que había visto. Unos minutos más tarde vimos una inmensa polvareda por la vereda de camino al pico, era el potrillo, Manuel Lezcano, ¡imposible que falte en los días buenos! No hace falta expresar los tubazos que allí surgieron puesto que no terminaría este relato…Todos los presentes llegaron a la conclusión de que sus corazones latían por encima de lo normal.