
Hace unos dos años, durante una tarde de invierno, me encontraba surfeando con mis amigos en Orrúa cuando entró el serión del día y vimos romper en Rocaputa una serie de 4 olas. Al verla decidimos ir hacia allí. Al rato llegó otra serie similar. Fui a por la primera y al llevar una tabla corta no me dio tiempo a cogerla bien y caí desde lo más alto de cabeza. Debajo del agua noté cómo se rompía el invento y después del revolcón conseguí salir a la superficie pero no había manera de localizar mi tabla entre tanta espuma hasta que la gente que estaba fuera me silbó señalándome el lugar donde se encontraba. Resulta que la ola llevó mi tabla hasta las rocas quedándose allí encallada. Intenté llegar a nado pero la fuerte corriente me lo impedía. Entonces decidí salir para coger la otra tabla que tenía en el coche para intentar llegar hasta ella. No hubo manera…ni así conseguía acercarme. Se me ocurrió probar desde fuera, pero era una locura pues la única opción que quedaba era saltar desde el muro. Me acerqué. Había mucha altura y empecé a hacer mis cálculos “si mido 1´80, con los brazos estirados 2,30 y si el muro mide 3 metros me queda un salto de 70 cm. Eso no es nada pensé”.Así que me colgué (mientras escuchaba los gritos de Pablo Azkue que desde su perspectiva veía que había más altura…). Demasiado tarde…salté. Fue caer y saber que me había roto algo, ya conocía esa sensación. Quise coger la tabla y estamparla contra la pared, estaba hecha trizas y además tampoco me iba bien…
Al salir, Mikel se ofreció a llevarme a casa, “que va, ya puedo…”. Y conduje desde Zumaia hasta Zarautz muriéndome de dolor. Llegué a casa, abrí el puerta del coche, apoyé el pie y me di cuenta de que apenas podía mantenerme en pie. Salí a gatas, subí a casa y al abrirme la puerta, mi madre pensó que estaba con una de mis habituales bromas, pero no…le conté lo sucedido y enseguida fuimos al hospital. Me diagnosticaron rotura de los dos talones. Me pasé dos semanas a gatas por casa…me salieron heridas en las rodillas. Para salir a la calle me ayudaba mi vecino y me bajaba subido en su espalda hasta el coche. Luego no era capaz de salir y allí nos quedábamos, mirando las olas y luego de vuelta a casa…